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No eres tú, sino que ya eres tu estrés...

No hace falta decir lo que es el estrés…Ese estado de tensión mental o emocional que resulta de circunstancias adversas exigentes…

¿Y qué es lo que provoca el estrés? Pues por ejemplo, no poder predecir un estado futuro, no poder controlar una situación, o bien, una amenaza, un peligro o un sentimiento de que algo nos va a ir peor en la vida…

En los múltiples estudios sobre el estrés, se diferencian varios tipos, como el estrés físico (accidentes, lesiones,…), el estrés químico (virus, bacterias,…) y el estrés emocional (tragedias personales, familiares,…). Todos estos tipos producen un desequilibrio en tu cuerpo.

Podemos tolerar cierto estrés a corto plazo, pero lo que no podemos hacer, ni estamos preparado para ello, es vivir en un estado de emergencia de forma prolongada.

Cuando percibimos un peligro o una amenaza, se activa el sistema nervioso de lucha o huída: nuestra frecuencia cardíaca aumenta, disminuyen las ganas de comer, aumenta la frecuencia respiratoria…Y todo esto pasa porque es la hora de correr, pelear, esconderse… Y si ese peligro o amenaza te lo genera tu trabajo, tus compañeros, tu jefe, tu mujer, pues…

El soportar el estrés durante amplios períodos de tiempo, nos vuelve adictos a ese propio estrés, a la química del propio estrés. ¿Y qué va a provocar esto? Hará que empecemos a usar los problemas y condiciones de nuestra vida para reafirmar la adicción a esa emoción. Como auténticos adictos, vamos a necesitar todas esas circunstancias adversas, todos esos problemas en casa, en el trabajo, todas esas malas relaciones, todas esas situaciones difíciles para continuar recibiendo esa descarga de adrenalina…Volviéndonos así adictos a esa vida que no nos gusta. Y no solo eso. Hay que tener en cuenta que el simple hecho de pensar en el problema o situaciones problemáticas, activa también nuestra respuesta al estrés, haciendo que nos volvamos adictos a nuestros propios pensamientos…

Mientras estamos en una continua emergencia-supervivencia, nuestra capacidad de crear disminuye dramáticamente, así como la manera de reflexionar de manera adecuada. Y ese vivir un día tras otro con el estrés, nos hace sentir que perdemos definitivamente el control, motivando que intentemos controlar todas las situaciones, y al no poder controlarlo todo, pues esto hace que tengamos más estrés…Espiral de estrés….

Algo curioso del estrés es que todo el que lo sufre se siente más cómodo en su zona de confort, debido a que en la supervivencia, lo desconocido (que puede ser mucho mejor) es algo aterrador. Cuando estamos bajo estrés, nuestro cerebro funciona incoherentemente. Piensas en tu problema una y otra vez, y una vez más y más, y más, y seleccionas siempre la peor opción. ¿Por qué? Porque en la supervivencia, si te preparas para lo peor, con cualquier cosa menos que suceda, tienes más probabilidades de sobrevivir…

Como dice el afamado Dr. Joe Dispenza, las personas vivimos preparándonos para lo peor cuando vivimos en un estado estresante. Y claro, si esto se mantiene en el tiempo, se convierte en un estado de ánimo. Si el estado de ánimo se mantiene durante semanas o meses, se convierte en un temperamento, y al mantenerlo durante años, pasa a ser un rasgo de personalidad.


¿De verdad hay alguien o algo que haga que merezcamos vivir en ese estado?

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